Lidija Milacic, de 24 años, medio galesa y medio montenegrina, tiene alergia al futuro. «No existe», afirma. Lo dice porque huye de la ilusión del tiempo por venir, no por pesimismo. Al contrario, vive al día satisfecha con el modelo de existencia elegido: pintar cada día sobre la acera con su carbón y sus tizas a cambio de unas monedas. Un compromiso con lo efímero, como su percepción de la vida. Los vecinos de Sevilla han convertido su arte en un tema habitual de las redes sociales y la esquina de la Avenida de la Constitución, en una galería temporal.
Empezó a dibujar desde niña con la supervisión de su madre, que también es artista y con la que ha planeado hacer una exposición conjunta
Ha vivido desde los cinco años en España y desde los 12 en Portugal, donde reside su madre. Ahora viaja allí donde haya una buena calle, buen tiempo y peatones que tengan unos segundos para ver sus creaciones. Con estas condiciones ha estado en Londres, Roma, Cádiz, Madrid (empezó a pintar en la Puerta del Sol) e Ibiza. Sin planearlo, lleva ya dos meses en Sevilla, frente a la catedral.
*ELPAIS