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No hacer nada: Porque está bien no ser los más productivos todos los días

Hoy en día da un poco de vértigo no tener nada que hacer o culpabilidad por no tachar todos nuestros pendientes en una lista. Parece que hemos llegado a un momento de hipereficiencia poco sana en la que no existe eso que llamamos tiempo libre.

Son tiempos raros cuando toca hacer home office. Y es que las distancias físicas también sirven de fronteras entre lo público y lo privado, aunque las redes sociales las hagan cada vez más borrosas.

Cuando toca trasladarnos de un lugar a otro entre semana, podemos discernir más fácil cuándo debemos estar en modo trabajo y cuándo podemos entrar en modo “desconectado”. Sin embargo, al estar en casa todo el día, cuando suele multiplicarse el   multitasking, se convierte en un todo reto tomarnos un descanso de todo y cuándo no.

No hacer nada, ¿cómo lograrlo?

La artista y escritora estadounidense, Jenny Odell , inicia su ensayo  “How to do nothing: Resisting the attention economy” («Cómo hacer nada: resistiendo a la economía de la atención») diciendo: “Nada es más duro que no hacer nada. En un mundo en el que nuestro valor está determinado por nuestra productividad, muchos de nosotros vemos cada uno de nuestros minutos capturados, optimizados o apropiados como bien financiero por las tecnologías que usamos diariamente”.

No se trata de dejarlo todo y entregarse a la inactividad y a la desidia. Ese otro extremo tampoco lleva a cosas buenas. Lo ideal es encontrar un balance y darle su merecido espacio tanto a la productividad como al descanso.

Qué hacer cuando no haces nada

El problema hoy en día es que así estemos en casa estamos 100% disponible para todo y para todos. Ante este escenario de constante atención, Odell propone tres herramientas que te ayuden a tomar el tiempo libre para reflexionar, repensarte como individuo y como parte de una comunidad.

Recuperación

La autora plantea que debes darte un espacio para suplantar el FOMO por el NOMO (Need of Missing Out/ La necesidad de perderte cosas) apostando por el autocuidado, sea lo que sea, eso signifique para ti y no tanto lo que te dicten las redes sociales y los medios. Si es dormir, pues que eso sea.

Escuchar

Vivimos en tiempos en los que todos tienen una opinión sobre cualquier cosa y, más aún, la necesidad de compartirlo. Tal y como señala Odell en su libro: “Incluso con el problema del filtro burbuja, las plataformas que usamos para comunicarnos unos con otros nos animan a la escucha. Lo que hacen es simplificar la reacción: tener una opinión marcada tras leer un titular” Haz que este tiempo de desconexión te permita escuchar un poco más en lugar de entablar una posición ante cualquier cosa. Se trata de generar un poco más de empatía con el otro y ver el mundo desde otra perspectiva.

Pensar en comunidad

Así como la autora invita a reflexionar y cuidarnos como individuos, también hace un llamado para ponderar de qué manera podemos ser útiles a la sociedad en la que vivimos, dejando en segundo plano las actividades comerciales que nos llevan a nuestras metas personales, para considerar también cómo aportar para un bien común.

¿Moraleja? Cuando no tienes nada que hacer, está bien no hacer nada. ¿Fácil? Quizás no. ¿Necesario? Totalmente.

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