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Qué pasa en el cerebro de un niño cuando juega con sus padres

Los momentos lúdicos tienen grandes beneficios en los más pequeños, convirtiéndose en una asignatura obligatoria y adquiriendo mayor importancia en los primeros años de vida.

¿Te acuerdas de cuando jugabas con tus padres de pequeño? Seguramente sí. Según los expertos, algunos de los recuerdos más intensos que tienen los adultos son esos momentos de juego que compartían de niños con sus progenitores. Manuel Antonio Fernández, médico y más conocido como El Neuropediatra, explica que “el tiempo de juego compartido entre padres e hijos es el mejor aprovechado para ambos, tanto desde el punto de vista emocional como desde el puramente neurológico para los más pequeños”. “Así que cuanto más jueguen mejor, ya que estimula todos los sentidos y capacidades del cerebro infantil, tanto las áreas motoras como las sensoriales y las cognitivas”, dice Fernández.

Según explica este experto, no todos los juegos estimulan igual: “Aquí tenemos que diferenciar dos aspectos importantes. Por un lado están los juegos más estimulantes para el desarrollo de su cerebro y, por otro, los que generan más sensación de estímulo, que es algo muy diferente”. Por ejemplo, algunos menores pasan una media de ocho horas diarias en Internet, “es una locura, una auténtica barbaridad. Esta actividad genera una importante sensación de estímulo cerebral, pero a la vez un menor estímulo para el desarrollo neurológico”. Por ello, y según mantiene, podemos decir que los juegos más estimulantes a nivel cerebral son aquellos que combinan actividad física y mental, especialmente con personas queridas, lo que conlleva un beneficio enorme desde un punto de vista emocional, y en entornos confortables o completamente naturales.

“Efectivamente, el juego tiene grandes beneficios en los más pequeños, convirtiéndose en una asignatura obligatoria, siendo de mayor importancia en los primeros años de vida”, añade Eva Torreblanca Vacas, experta en terapia de conducta en la infancia-adolescencia en ITTADE Psicología Aplicada. “Ayuda a desarrollar la imaginación y la creatividad”, prosigue la experta, “pudiendo traspasar los límites físicos, generando una sensación de libertad en los menores. Además, es un punto importante en el disfrute, en la calma…, facilitando la liberación de estrés, estimulado por los diversos factores que influyen en la rutina diaria”. Según mantiene, efectivamente el juego está implicado en habilidades y destrezas motoras, cognitivas, sociales y emocionales, favoreciendo las conexiones con el mundo y con uno mismo: “Esto favorece la creación y establecimiento de normas y reglas de funcionamiento, la resolución de problemas, así como el vínculo con los otros”.

Para Torreblanca, jugar genera muchos cambios a nivel neuronal, favoreciendo la liberación de diversas sustancias que mejoran el desarrollo físico, cognitivo y emocional del pequeño: “Entre estas sustancias se puede ver la influencia de la serotonina y las endorfinas, las cuales reducen el estrés y la ansiedad y favorecen la regulación del estado de ánimo, potenciando la calma, alegría, felicidad…”. De esta manera, los juegos que mayor beneficio aportan son “los puzles, los de búsqueda de parejas, los de asociación de ideas o los juegos de construcción que favorecen la perspectiva, así como la lógica”, añade. “También los dibujos o el uso de la arena mágica y plastilina, en definitiva, las manualidades favorecen la motricidad e imaginación. O podemos fomentar el juego simbólico como jugar a las mamás y papás, a los médicos, a los profesores, que ayudan a conectar con la realidad y favorece el ponerse en el lugar de otros, facilitando el desarrollo y potenciación del lenguaje y las emociones”, sostiene.

Cómo encontrar tiempo para jugar con los niños

Encontrar tiempo para jugar con los hijos y conseguirlo es tan fácil o tan difícil como uno mismo se lo plantee. “Es cuestión de tener claro tu orden de prioridades”, prosigue Fernández, “antes del nacimiento de mi hijo, me pasé los nueve meses reorganizando todos mis horarios de trabajo para tenerlos lo mejor adaptados posible a su cuidado”. Según explica, “esto no significa que trabaje más ni que trabaje menos, pero sí que lo hago de otra forma y en otros horarios. Me despierto más temprano, mientras él aún duerme para poder tener trabajo adelantado, por ejemplo. Así lo puedo preparar por la mañana y llevarlo a la guardería. Lo más importante es conocer sus rutinas, para así encontrar el hueco que mejor encaje con los horarios y las obligaciones de los padres”. Para el experto, no es imprescindible crear una rutina de juego, “pero sí recomendable”. “Todo lo que sea creación de hábitos hace que nuestro cerebro se encuentre más a gusto, porque le resulta mucho más sencillo de realizar”.

“Los niños cada día tienen menos tiempo para jugar, dadas las altas demandas que se establecen en la sociedad, enfocadas en su desarrollo y estimulación, así como el poco tiempo del resto de los integrantes del círculo social. Por ello, al igual que en los estudios o en otras áreas buscamos el desarrollo de un hábito, es importante tener un hábito de juego que obligue a respetar el espacio/tiempo para esta ocupación”, añade Torreblanca. En definitiva, es tan beneficioso como aprender idiomas, desarrollar un deporte…, a la larga todo suma y fortalece, teniendo cada cosa su tiempo. Para la experta, es importante recordar que los niños que no juegan, junto con otros factores, es probable que desarrollen un patrón de funcionamiento más rígido y menos flexible, pudiendo derivar en sensaciones de estrés y ansiedad.

El juego también tiene un efecto positivo en el cerebro de los padres. “Uno de los efectos que se ha visto que produce jugar con los hijos es la elevación de los niveles de dopamina y serotonina a nivel cerebral. Esto es algo de gran importancia debido a que estas dos sustancias se relacionan directamente con los niveles de bienestar y felicidad que sentimos en nuestro día a día. Unos niveles altos de bienestar nos va a convertir en personas más felices, no solo durante ese periodo, sino que nos va a generar una gran cantidad de recuerdos agradables para el futuro. Así que ya ves, jugar no solo es bueno ahora, sino en el futuro”, explica Fernández. “Jugar con los hijos influye favorablemente en la activación de diferentes sustancias, al igual que en los menores, puesto que se liberan endorfinas, serotonina. Viéndose reflejado en el estado de ánimo del progenitor, notándose mayor bienestar, tranquilidad y placer”, explica Torreblanca.

La pandemia y su efecto en el juego

La realidad es que con la pandemia tenemos que estar mucho más tiempo en casa, sin salir y sin opciones de ocio tradicional, “no podemos pasarnos el día aburridos, conectados a internet, viendo la televisión o mirando el móvil”, relata Fernández. “Es un momento más que adecuado para reencontrarse con los hijos. Volver a conectar con las cosas normales del día a día. Jugar con los hijos a juegos tradicionales, charlar sobre la situación, intercambiar opiniones, explicarles las cosas. Recomiendo encarecidamente enfrentar la pandemia actual de una forma constructiva y aprovechando la oportunidad que nos da, dentro de la dificultad”. “La pandemia y concretamente la etapa de confinamiento ha potenciado el valor de pasar tiempo con los menores”, añade Torreblanca, “realizando todo tipo de actividades lúdicas, creativas y de enseñanza, como desarrollar juegos, cocinar, idear teatros caseros, etc. Sin embargo, tras la salida del confinamiento y la experiencia del mismo, se han reforzado tareas laborales, académicas, para compensar las carencias presentadas, por lo que se han visto reducidas las horas para este fin y otros de la misma relevancia”.

Ahora se venden más juegos de mesa que antes, se compra más ropa on line. “Son muchas las cosas que han cambiado debido a la pandemia, pero no todas han sido malas. En mi centro, hemos visto como la mayoría de los chicos que atendemos por problemas relacionados con retraso madurativo o trastornos del desarrollo han mejorado de forma significativa durante el confinamiento y sabemos perfectamente la causa. Los padres han pasado días y días en casa estando las 24 horas con sus hijos y, sin darse cuenta, haciendo de terapeutas. No han necesitado hacer nada especial, solo jugar con ellos, hablarles, interactuar. En resumidas cuentas, hacer de padres, algo que en nuestra sociedad, cada vez se vuelve más complicado”, termina Fernández.

Los jugueteros coinciden en que ha habido un cambio en los hábitos de juego. “Antes, los niños practicaban más juegos al aire libre, deportes y juegos en equipo. Ahora, al pasar más tiempo en casa, hacen más manualidades y usan más juegos de mesa. En Viva el cole hemos notado un aumento de la demanda de todo tipo de manualidades y juegos educativos. Este aumento no solo se ha producido durante el confinamiento estricto del año pasado, sino que sigue notándose ahora”, asegura Jorge Muñoz, CEO de Viva el cole.

LA IMPORTANCIA DE QUE LOS NIÑOS JUEGUEN SOLOS

Jugar solos tiene múltiples beneficios asociados a los que mencionaremos en compañía de los otros. Destaca la sensación de independencia, libertad para visualizarse e imaginar, marcar su propio ritmo en el aprendizaje y en la toma de decisiones. Todo ello aporta una experiencia beneficiosa para el desarrollo de su autoconcepto y por lo tanto de su autoestima, puesto que jugar solos les enfrenta a conocer y descubrir sus propias capacidades y habilidades.